Rubia rusa timida recibe polla de desconocido
La chica rubia entró al ascensor con su vestido blanco pegado al cuerpo, sudando por el calor de la ciudad, pero sus mejillas ardían aún más al sentir la mirada del desconocido que la observaba con una sonrisa pícara mientras se ajustaba la corbata. Él, alto y musculoso, se acercó sin decir palabra y le susurró al oído que llevaba meses soñando con metérsela hasta el fondo sin protección, mientras le pasaba la mano por el culo bien apretado que se le marcaba bajo la tela fina. Ella, nerviosa pero empapada, no pudo resistirse cuando le agarró la melena rubia y la empujó contra la pared del cuarto del hotel, donde el aire acondicionado apenas lograba enfriar el ambiente cargado de deseo. La rusa, con las bragas ya empapadas, abrió las piernas sin pensarlo cuando él le arrancó el tanga de encaje y le lamió el coño en círculos hasta que sus gemidos resonaron en las paredes. Él, con la polla durísima y goteando por la excitación, la levantó en brazos y la embistió contra la puerta del baño, sintiendo cómo su culo se movía al ritmo de las embestidas profundas que le arrancaban gritos de placer. La chica, con los pezones duros como piedras y el coño chorreando, le suplicó que la llenara sin condón, gritando que era su primera vez sin protección, mientras él le mordía el cuello y le metía los dedos en la boca para que los chupara mientras la empotraba más fuerte. El sonido de sus cuerpos chocando llenó la habitación cuando él la giró y la puso a cuatro patas sobre la cama, agarrándole el pelo mientras le clavaba la polla hasta el fondo una y otra vez, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su miembro al borde del orgasmo. Ella, con la cara pegada a las sábanas y el culo en pompa, dejó escapar un gemido gutural cuando él le metió los dedos en el coño mientras le llenaba el culo con chorros gruesos de leche caliente, corriéndose dentro de ella sin parar hasta que ambos quedaron exhaustos y sudorosos sobre las sábanas arrugadas.