RosMexicana se apuesta con su jefe y lo deja sin aliento en la bodega
Su polla ya estaba dura antes de que yo abriera la boca, pero eso no me detuvo para retarlo a ver si aguantaba lo que yo le iba a dar. Le dije que si me hacía correrme en menos de 10 minutos, me quitaba el vestido, pero si no, él se quedaba sin su premio. El muy puto aceptó sin saber que mi coño ya estaba mojado solo de imaginarlo arrodillado, chupándome los pezones mientras yo me montaba en su cara. Empezó bien, metiéndome el dildo hasta que mis muslos temblaron, pero cuando le ordené que me empotrara contra la pared, sus manos se clavaron en mi culo como si fuera la última vez que me tocaba. Gemí tan fuerte que hasta los estantes de la bodega temblaron, y cuando sentí que su verga entraba de una estocada, supe que había perdido la apuesta. Me encantó cómo se le escapaban los gruñidos mientras yo le apretaba las pelotas, moviéndome como una diosa hasta que su leche me llenó entera de golpe. Justo cuando iba a gritar que me corriera, sus dedos encontraron mi clítoris y todo se volvió blanco.