Pastakudasai #5: la espía que me volvió loco
Oí el sonido de sus tacones acercarse antes de verla, ese clic-clic que me ponía la polla en alerta máxima, y supe que hoy no me dejaría en paz. Te voy a contar cómo Anya, esa espía con un culo que desafía la gravedad y unas tetas que rebotaban con cada paso, jugó conmigo como un gato con un ratón. Empezó mandándome fotos en ropa interior, rozándose contra las paredes para que la tela se pegara a su coño mojado, y yo no podía respirar. Luego apareció en mi puerta, vestida como una criada de escuela pero con ese uniforme tan ajustado que se le transparentaban los pezones. ¿Te gustaría estar en su lugar? Ella me miraba con esa carita de ángel mientras se sentaba encima de mi polla, moviendo las caderas con la precisión de una profesional, pero gimiendo como una cualquiera. Sabía que me estaba torturando, dejando que mi verga se hundiera en su chocho apretado pero sin correrme, rozando sus pezones contra mi boca hasta que perdí la cabeza. De un solo movimiento, la tomé del pelo y la obligué a arrodillarse, metiéndole la polla hasta el fondo de su garganta mientras ella se ahogaba en saliva. No soportó más y me rogó, '¡Lléname de leche, cabrón!', y yo le obedecí, disparándole en la cara hasta que su maquillaje de espía se corrió por sus mejillas.