Novio cachondo se deja empotrar en el asiento trasero
El chavo se subió al auto con esa mirada de puto que ya sabía lo que quería. Desde que lo vio en el gimnasio, el macho no podía sacarse de la cabeza ese culo prieto y esas nalgas duras que se le marcaban en los shorts ajustados. Cuando el novio le pidió que lo llevara a su casa, el macho no perdió tiempo y le puso la mano en el muslo, sintiendo cómo el calor de su piel lo ponía más duro que una roca. El chavo, con los ojos brillantes de deseo, se mordió el labio y le dijo que sí con un gesto, mientras su polla ya empezaba a crecer bajo el pantalón. El macho le bajó el cierre de los jeans y metió la mano para agarrar esa verga gorda y caliente, sintiendo cómo el novio gemía fuerte al contacto. Sin perder tiempo, el macho lo empujó contra el asiento trasero y le arrancó el pantalón, dejando al descubierto ese culo perfecto y esa polla goteando de excitación. Con un movimiento rápido, el macho se lubricó bien y se la clavó hasta el fondo, haciendo que el novio gritara de placer. Las embestidas eran brutales, el sonido de la piel chocando contra la piel resonaba en el auto mientras el chavo se agarraba de los asientos, sintiendo cómo cada golpe lo acercaba más al orgasmo. El macho le agarró el pelo y lo jaló hacia atrás, mordiéndole el cuello mientras seguía embistiéndolo con fuerza. El novio no aguantó más y se corrió con un gemido largo y profundo, llenando el auto con su leche caliente. El macho no se quedó atrás y, con un último empujón, se vació dentro de ese culo apretado, sintiendo cómo el chavo se estremecía de placer. Los dos quedaron exhaustos, sudados y satisfechos, sabiendo que esto no sería la última vez.