Mis esposas me pagan con sexo por el dinero que le pido prestado
Las chicas sabían que yo era el único que podía conseguirles el efectivo rápido, así que cada vez que necesitaba un préstamo, ellas me lo daban con una condición: que me dejaran disfrutar de sus cuerpos. La primera vez, la morena de culo grande se arrodilló frente a mí y empezó a chupar mi polla con esa boca de puta, gimiendo mientras se metía cada centímetro hasta el fondo. Sus tetas enormes rebotaban con cada movimiento, y yo no podía evitar agarrarle el pelo para empujarla más fuerte. Mientras tanto, la rubia se desnudó y se sentó en mi cara, frotando su coño mojado contra mi boca mientras yo le lamía el clítoris sin parar. Las dos putas sabían cómo volverme loco, y cuando ya no aguanté más, les ordené que se pusieran de rodillas y me dejaran correrme en sus culos perfectos. La morena se inclinó hacia adelante, mostrando ese culo apretado que tanto me gustaba, y la rubia se agachó también, ofreciéndome su trasero redondo. Con un gruñido, les llené los culos de leche caliente mientras ellas gemían de placer, sabiendo que así me asegurarían el próximo préstamo. Ahora, cada vez que necesito dinero, ellas me pagan con su cuerpo, y yo disfruto cada segundo de sus puterías.