Madrastra me corrió en su coño peludo y usó el jugo
Desde que llegó a vivir con ellos, la madrastra no dejaba de mirarlo con esos ojos de puta caliente cada vez que se le escapaba la camiseta al hacer deporte en el jardín. Aquella tarde, mientras la casa estaba vacía, él no pudo resistirse y se coló en su habitación sin hacer ruido. Ella estaba tumbada en la cama con un camisón transparente que apenas le tapaba los pezones duros y el coño peludo asomando entre sus muslos gruesos. Sin decir ni una palabra, él se le echó encima y le arrancó la tela con los dientes, dejando al descubierto su concha rosada y empapada que ya goteaba por lo mojada que estaba. Ella soltó un gemido profundo cuando él le metió los dedos hasta el fondo, revuelcos sus jugos con los suyos mientras le susurraba al oído lo puta que era. La madrastra no pudo aguantar más y le agarró la polla dura como una piedra, frotándola contra su clítoris hinchado antes de guiarla hasta su entrada hambrienta. Con un empujón brutal, él se la clavó hasta las bolas, sintiendo cómo su coño peludo se ajustaba a su tamaño medio, apretando cada embestida con tirones de culo que hacían que sus tetas fláccidas pero jugosas rebotaran sin control. Ella empezó a gritar como una loca, empapando la sábana con un chorro de jugos que le resbalaban por el culo mientras él no paraba de embestirla, cada vez más rápido, hasta que sintió cómo su leche caliente le llenaba el coño peludo sin piedad. La madrastra se corrió otra vez, mordiéndole el hombro para no despertar a los niños, mientras tragaba cada gota que le escupía su polla con un gemido ahogado, dejando su coño bien usado y brillando bajo la luz que se filtraba por la ventana.