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La vecina se corre gritando con esta polla gigante

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Estúdio Elliewild

Desde que lo vio sin camisa por primera vez, no pudo sacárselo de la cabeza ni un segundo. Esa polla enorme, dura como el acero y con venas que le marcaban cada centímetro, le hizo babear solo de imaginársela dentro de su coño apretado. El estudiante musculoso no tardó en darse cuenta de lo mojada que estaba su tanga cada vez que se acercaba a ofrecerle un café, así que decidió probar suerte. La primera vez que sus labios se rozaron fue en la cocina, entre risitas nerviosas y miradas que lo decían todo, hasta que sus manos grandes le agarraron las caderas y la empujaron contra la encimera. Ella gimió cuando sintió esa verga brutal rozándole el clítoris, tan caliente y gruesa que le quemaba por dentro antes de incluso entrar. Él no se aguantó más y con un empujón seco la empaló contra la mesa, haciendo que sus tetas pequeñas rebotaran al ritmo de las embestidas brutales que le estaba dando. Cada vez que la penetraba hasta el fondo, ella soltaba un quejido agudo mezclado con gemidos de puta satisfecha, sintiendo cómo esa polla monstruosa le estiraba las paredes del coño hasta dolerle de placer. Él le tapó la boca con una mano mientras le mordisqueaba el hombro, gruñendo como un animal porque el calor húmedo de su interior lo tenía al borde del abismo. Ella, con los ojos vidriosos y el maquillaje corrido, le suplicó que no parara mientras sus jugos le resbalaban por los muslos, empapando hasta el culo de tanto follar. Cuando él decidió cambiar de postura y la levantó en volandas para clavársela de pie contra la pared, sus gruesos labios vaginales se abrieron como una flor para recibir cada empujón, sintiendo cómo esa verga le llegaba hasta el útero con cada embestida. Los sonidos húmedos del sexo resonaban por toda la casa, mezclados con los gritos ahogados de ella cuando sintió el primer chorro de leche caliente inundándole el coño, seguido de otro y otro hasta dejarla completamente llena, temblando y con las piernas como gelatina. Mientras él se corría dentro de ella sin protección, sudoroso y jadeante, ella no pudo evitar sonreírle con cara de puta satisfecha, sabiendo que esa noche no iba a dormir ni un solo segundo.

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