Novata en el culo recibe verga gruesa sin resistirse
La morra llegó con cara de inocente pero en cuanto le metí dos dedos en el coño bien mojado ya sabía que no era la primera vez que follaba. Le encantaba que le hurgara el culo mientras gemía con la boca entreabierta, su coño chorreando me encharcaba los dedos y el sofá. Cuando le pasé la cabeza de mi verga por el culito, al principio se puso tensa y respiró fuerte, pero con un empujón seco y un chorro de saliva en el agujero, el anillo de músculo cedió como mantequilla derretida. No tardó en arquear la espalda y empujar el culo hacia atrás, como si supiera que su culito estrecho era la mejor recompensa para mi verga gruesa que le iba a reventar las entrañas. La puse a cuatro patas y le di una palmada en la nalga que hizo temblar todo su culo prieto, mientras ella chillaba y se agarraba al borde del mueble con uñas que casi lo rajan. Cada embestida le sacudía el cuerpo entero, sus tetas colgando como dos sacos de carne jugosa que botaban al compás de mis golpes brutales, su coño goteando por los bordes mientras el culo se le abría y cerraba como una boca ansiosa. Cuando le agarré las caderas con fuerza para clavarle más profundo, noté que su respiración se aceleraba y sus gemidos se convertían en gritos roncos, como si le estuvieran arrancando el alma por el culo. La muy puta no solo aguantó mi verga monstruosa hasta el fondo, sino que empezó a mover el trasero ella misma, empalándose con desesperación mientras yo le azotaba las nalgas hasta dejárselas coloradas. No pasó ni medio minuto antes de que su cuerpo se tensara como un arco y un chorro de leche espesa le salpicara el sofá desde el coño, pero eso no la detuvo: seguía tragándome la verga con el culo mientras yo le llenaba el vientre de leche caliente. Al final, cuando ya no pudo más, se dejó caer boca abajo con la cara entre las sábanas, el culito empalado, los muslos temblorosos y un hilo de babaza colgando de su boca entreabierta mientras yo le seguía metiendo hasta las pelotas.