La madrastra latina de 18 años se abre con mi polla dura
La habitación estaba oscura, solo la luz tenue de la lámpara de noche iluminaba la cama desordenada donde ella, mi pequeña madrastra, se retorcía con los muslos temblorosos. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar de mirarla, de sentir cómo su coño apretado se ajustaba a mi verga como un guante mojado. Vendetta Caires, con su cuerpo menudo y ese culo respingón, gimió cuando la empujé contra el colchón, sus uñas marcando mi espalda mientras la penetraba de una estocada hasta que las caderas chocaron. Sus gemidos eran música para mis oídos, cada vez más fuertes cuando la hice montarme en mi polla, cabalgándome como una diosa del pecado. En más de 12 minutos de escena, la dominé en todas las posiciones: de perrito, a cuatro patas, con su boca tragando mi verga hasta el fondo mientras le follaba la garganta sin piedad. El sudor mezclado con su saliva goteaba en las sábanas, y cuando por fin me corrí, su rostro quedó marcado con mi leche espesa. Al terminar, solo quedó el olor a sexo y el sonido de su respiración agitada, con su tanga roto tirado en el suelo.