La luna lasciva de 3D se entrega a mi verga descomunal
Yo la vi ahí, arrodillada como una perra sumisa, con esos labios carnosos abiertos y los ojos suplicando que le meta la polla hasta las pelotas. Le ordené que se agachara más, que abriera bien ese coño mojado para recibirme de una estocada. Ella gimió como una puta obediente cuando le clavé la verga hasta hacerle tocar el cuello del útero, y sus tetas rebotaban con cada embestida. La puse a cuatro patas y le dije que no se moviera, que su culo era mío para empotrarlo sin piedad. Le corrí la leche en la boca mientras la humillaba, diciéndole que era mi juguete, que su cuerpo solo servía para mi placer. La vi temblar cuando le ordené que se tragara todo, y sus ojos brillaban con lágrimas de sumisión. Sabía que en ese momento solo pensaba en complacerme, en ser mi puta perfecta.