Joven tímida se ahoga con una polla negra gigante
La chiquita de piel dorada y curvas perfectas no podía creer su suerte cuando conoció al tipo de ébano que la miraba con esa mirada de depredador. Sus labios carnosos se abrieron para chupar esa verga gruesa y oscura, sintiendo cómo le llenaba la garganta hasta hacerla toser. El negro la agarró del pelo, embistiendo su cara con fuerza mientras ella gemía con la boca llena, la saliva corriéndole por el mentón. Después, la levantó en peso y la sentó sobre su polla dura, dejando que su coñito apretado se adaptara a ese tamaño monstruoso. Cada rebote la hacía gritar, sintiendo cómo la penetraba hasta lo más profundo, sus tetas saltando con cada embestida. Cuando ya no aguantó más, el negro le disparó toda su leche espesa en la boca, obligándola a tragar cada gota mientras él gruñía de placer. La mezcla de su piel morena con la de él, brillando de sudor, era una imagen que no olvidaría nunca. La chica, con los labios hinchados y la respiración agitada, solo podía sonreír sabiendo que había sido bien follada.