Itxqueen se vuelve loca con una polla negra bien gorda
El olor a sudor y lujuria llenaba el cuarto cuando Itxqueen se arrodilló frente a ese monstruo de ébano, sus ojos brillando con una mezcla de miedo y deseo. Nunca había visto una verga tan gruesa, tan larga, tan intimidante, y cuando la sintió rozar sus labios, un gemido ahogado escapó de su garganta. Él no perdió tiempo en empujarla contra la cama, separándole las piernas con una fuerza que la hizo temblar. Al sentir cómo esa polla negra se abría paso entre sus nalgas, Itxqueen gritó, pero no de dolor, sino de sorpresa al descubrir lo bien que le encajaba. Cada embestida la hacía retorcerse, sus tetas rebotando con cada golpe, hasta que él la volteó para clavársela por detrás, hundiéndose hasta que sus caderas chocaron contra su culo redondo. Itxqueen no podía creer cómo esa verga la llenaba por completo, cómo cada movimiento la acercaba al borde del abismo. Cuando él le agarró el pelo y le ordenó correrse, ella obedeció, explotando en un orgasmo que la dejó temblando, con la polla negra aún enterrada en su coño mojado. Él se quedó mirándola, sorprendido por cómo esa chica sumisa había disfrutado tanto de su tamaño.