Flora May se deja empotrar en la cama con su amante
El sonido de la puerta al cerrarse me hizo saltar, pero no era mi marido: era él, el que me tenía mojada desde la última vez. Me mordí el labio al sentir sus dedos deslizarse bajo mi tanga de encaje, rozando mi coño ya chorreante. Sabía que no podíamos, que en cualquier momento alguien podría entrar, pero no me importó cuando me empujó contra la cama y me abrió las piernas de golpe. Su polla enorme entró de una estocada, llenándome hasta que sentí el cuello del útero vibrar con cada embestida. Me tapé la boca para ahogar los gemidos, pero los jadeos escapaban entre mis dedos mientras él me embestía sin piedad. Escuché pasos en el pasillo y me quedé paralizada, sintiendo cómo su verga me taladraba sin parar. Él me susurró al oído que me callara, pero eso solo me excitó más, apretando mis muslos alrededor de su cintura. En más de 15 minutos de escena, no paramos hasta que su leche caliente me llenó por completo, corriéndome en mi coño apretado. Ahora, mientras me limpio, solo pienso en si volverá mañana para repetir.