Femboy atascado en la lavadora con su culo al aire
El olor a jabón y piel caliente era insoportable cuando mi amiga quedó atrapada entre el tambor, las piernas abiertas sin poder cerrar, el coño rosado brillando de humedad mientras se reía nerviosa. Te voy a contar cómo esa provocadora de tetas grandes y culo perfecto pasó semanas enviándome fotos con vestidos ajustados, rozándome cada vez que podía, hasta que una noche, entre risas borrachas, terminamos en mi lavadora y ya no hubo vuelta atrás. Su tanga transparente se le pegaba a la raja, y cuando el tambor empezó a girar, el movimiento hizo que su chocho se abriera más, los labios húmedos rozando el metal frío. Yo no aguanté más y me arrodillé frente a ella, metiendo la lengua entre sus pliegues con furia, chupando su botón hinchado hasta que gimió tan fuerte que el eco retumbó en el cuarto de lavado. Ella se agarraba a mis hombros mientras yo le hundía dos dedos hasta que le temblaban las piernas, pero la muy puta aún se reía, desafiándome a que la hiciera correrse. Entonces saqué mi polla dura y la aplasté contra su culo, empujando entre sus nalgas hasta que el lubricante de su coño mojado me dejó entrar de una estocada. La lavadora seguía girando, sacudiéndonos con cada embestida, sus tetas rebotando mientras yo la empotraba contra el tambor, sus gritos ahogados por mi mano sobre su boca. Cuando terminé de correrme dentro, su coño estaba tan hinchado que el semen le rebosaba entre las piernas, y fue entonces que la que había estado riéndose se quedó mirándome fijamente, con los ojos brillantes de algo que no era solo placer, sino algo más descontrolado. Su cuerpo aún temblaba cuando la ayudé a bajar, las piernas débiles, el vestido pegado de sudor, y ahí, por primera vez en toda la noche, no dijo nada.