El primo caliente del novio me empotra sin condón
El muy cabrón siempre me miraba con esos ojos de pillo cuando el novio se iba al baño, pero hoy se pasó tres pueblos al quedarse solo en la casa... Se quitó la camiseta sudada y se acercó con la polla ya dura, rozándome el muslo para que notara lo que traía. Yo sabía que estaba mal, pero mi agujero ya estaba más mojado que un coño recién lavado y no pude resistirme. Se agachó para lamerme los labios mientras sus dedos jugaban con mi entrada, haciéndome gemir como una puta en celo. Cuando al fin me empaló de una, sentí que me partía en dos con cada embestida, su verga gruesa y caliente arrasando con todo dentro. Él no aguantó más y me agarró de las caderas para clavársela hasta el fondo, gritando que mi culo estrecho lo estaba matando de gusto. Las sábanas se mancharon con nuestra leche espesa mientras él se corría dentro, llenándome hasta rebosar sin importarle un carajo las consecuencias. Su primo se quedó pegado a mi espalda, jadeando como un animal, mientras sus dedos me apretaban el pecho con fuerza. El olor a sexo fresco inundó la habitación y no tardamos en repetir, esta vez él boca arriba dejando que yo cabalgara su pija dura como una roca. Entre risas y gruñidos, sudor y ronroneos, terminamos exhaustos sobre el colchón, con las piernas enredadas y los cuerpos pegajosos de tanto sudor y leche derramada. El muy sinvergüenza me susurró al oído que esto no quedaría ahí, que la próxima vez me llenaría hasta la garganta... y yo, como una puta hambrienta, le creí sin dudar.