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El abuelo cachondo se corre en su nueva silla

10:12 1080P 7 Corridas
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Estúdio Handyman John1

El viejo John llevaba meses buscando una silla cómoda para ver sus películas porno cuando por fin llegó la que tanto anhelaba... pero no contaba con que su verga arrugada se pondría más dura que el cuero de los sillones viejos al ver el cuerpo peludo y sudado del fontanero subiéndose los pantalones ajustados. Con manos temblorosas, el abuelo se bajó el calzoncillo raído dejando al aire una polla pequeña pero bien trabajada, toda venas y arrugas, que el fontanero no pudo evitar morderse el labio al verla semidura entre sus dedos gruesos. Sin perder tiempo, el fontanero se quitó la camiseta sudada dejando ver un pecho velludo y unos pezones rosados que el viejo no pudo resistirse a lamer mientras le agarraba el culo flácido con fuerza, sintiendo cómo los pelos le hacían cosquillas en las palmas. El fontanero se arrodilló en el suelo de madera gastada, con las rodillas crujiendo, y se llevó la verga arrugada del abuelo a la boca caliente, chupando con ganas esa polla pequeña pero llena de historia mientras el viejo gemía como un cerdo en matadero, agarrándole la cabeza canosa con las dos manos. Entre jadeos y bufidos, el fontanero se levantó de un tirón, empujó al abuelo contra el respaldo de la silla nueva —que crujió bajo su peso— y le subió la falda de cuadros hasta la cintura, dejando al descubierto un culo blanco y arrugado que apretó con las dos manos antes de escupirse en los dedos y empezar a empotrarle con fuerza, haciendo que la silla se moviera de un lado a otro con cada embestida. El viejo gritaba como una puta en celo, con la boca llena de babas y los ojos inyectados en sangre, mientras el fontanero le metía los dedos en el culo reseco sin piedad, sintiendo cómo las paredes intestinales se le aferraban como un coño mojado. El sudor les caía a chorros por la espalda, mezclándose con el olor a cerrado del abuelo y el aroma a jabón barato del fontanero, hasta que de pronto el viejo se corrió con un aullido animal, disparando su leche vieja y espesa por toda la barriga peluda del fontanero, que no tardó en seguirle con un gruñido gutural, llenándole la entrepierna de corrida caliente mientras la silla crujía bajo ellos como si fuera a romperse en cualquier momento.

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