Dos morenas calientes se excitan en la calle y acaban empaladas
Las dos morenas, con sus curvas de infarto y esos culos que no paran de moverse al caminar, se pavoneaban por la acera mostrando más carne que vergüenza. La rubia se agachó "accidentalmente" a ajustarse el liguero, dejando que la tanga se le clavara entre las nalgas mientras los pechos casi se le salían de la blusa ajustada, y la morena, con esos labios rojos y carnosos, no pudo evitar pasar la lengua por ellos al verla. Ted, el moreno de mirada traviesa, no aguantó más: se acercó con esa polla dura como una roca que le marcaba los pantalones y sin perder un segundo le agarró a la morena por el pelo para empujarle la cara contra su entrepierna, ordenándole que le chupara hasta dejarle los huevos bien limpios. Ella, con un gemido ahogado, obedeció mientras la rubia se quitaba el sujetador y se masajeaba los pechos enormes, mojándose el coño al sentir el calor de la escena. Él la penetró por detrás sin piedad, empotrándola contra la pared sucia de un callejón mientras le arrancaba el tanga de un tirón, dejando al descubierto ese coño peludo y bien abierto que chorreaba de lo mojado que estaba. La morena, entre jadeos, le lamió los huevos antes de que él se la clavara con fuerza, sintiendo cómo el culo le temblaba con cada embestida profunda que le abría por dentro hasta dejarla sin aliento. La rubia, excitada al verlo, se acercó para que le metiera los dedos mientras le susurraban guarradas al oído, hasta que los tres terminaron corriéndose al mismo tiempo: él llenándole el culo de leche espesa, ella gritando con la boca llena de polla y la morena derramando su corrida sobre el asfalto caliente, dejando un charco brillante que brillaba bajo el sol de la tarde.