Culo apretado no aguanta más y se mea sin parar
La morena brasileña llegó con su culito redondo bien apretado y esas medias negras que le marcaban cada curva hasta el cielo. Desde que entró por la puerta con esa sonrisa pícara y ese coño ya mojadísimo, él supo que no iba a parar hasta dejarla hecha un lío. Le agarró el culo con fuerza mientras ella se agachaba sobre la mesa de la sala, ofreciéndole ese agujerito tembloroso que pedía a gritos que la empotren sin piedad. Con la primera embestida profunda, los gemidos se le escaparon como si no pudiera controlarlos, y él le tapó la boca con una mano para que no despertara a los vecinos. Pero ella ni caso, porque el dolor se mezclaba con un placer tan intenso que le hizo apretar los muslos y sentir cómo se le escapaba el pipí sin poder hacer nada. Él, en vez de parar, le clavó la polla más adentro, sintiendo cómo el culo se le cerraba como un puño alrededor de su verga, mientras con la otra mano le daba nalgadas que le dejaban la piel colorada. Ella jadeaba con los ojos vidriosos, la boca entreabierta y los pechos rebotando cada vez que él la embestía sin compasión, hasta que el primer chorro de leche caliente le reventó dentro, mezclándose con el pipí que no pudo aguantar más. La morena se corrió gritando, con las piernas temblorosas y el culo lleno de semen chorreando, mientras él no paraba de empotrarla sin importarle los gemidos ahogados ni el charco que se formaba bajo sus rodillas. Cuando por fin la soltó, ella quedó tirada sobre la mesa, con las medias rotas, el coño en llamas y el culo tan abierto que se notaba perfectamente cada golpe que le había dado. Él se limpió la polla en su trasero antes de darle la vuelta y hacerla arrodillar para que le chupara hasta dejarla seca, mientras ella seguía gimiendo y mojando el suelo con sus jugos y su pipí. La escena terminó con ella de rodillas, con la cara llena de semen y las piernas temblorosas, mientras él le susurraba al oído lo puta que era por dejarse hacer todo eso sin decir ni pío. Y lo peor es que ella solo pudo sonreír, con los ojos llenos de lujuria y el coño más mojado que nunca, lista para que la vuelvan a empotrar sin piedad.