Ashley de la academia de lujuria me reta con una mamada de locura
Agarré a Ashley de la academia por el pelo mientras su lengua jugaba con mi polla, desafiándome a ver si podía aguantar su boca caliente y sus labios gruesos. La puta sabía que me gustaban los retos, por eso apretó las tetas contra mi muslo y gimió más fuerte, como si me estuviera pidiendo que perdiera el control. Yo, claro, no iba a dejar que una zorra universitaria me ganara el juego, así que empujé su cabeza hasta que mi verga le rozó la garganta, sintiendo cómo se atragantaba con cada centímetro. Sus tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y el sonido de su saliva mezclándose con mis gemidos llenaba el aire. Cuando vi que sus ojos se humedecieron de lágrimas, supe que estaba cerca, pero no iba a correrme así de fácil: la hice detenerse, la giré de golpe y le enterré la polla en el coño mojado de una sola estocada, sintiendo cómo sus paredes me apretaban como un guante. Los gritos de Ashley eran música mientras le daba vueltas a mi cadera, marcando cada golpe en su culo redondo, hasta que me corrí dentro de ella sin aviso, dejándola temblando. Si cree que esto fue mucho, la próxima vez le voy a mostrar lo que es un castigo real.