Sheila ortega calma mi deseo tras semanas de tensión
El reloj en la pared avanzaba lento mientras las miradas entre Sheila Ortega y yo se volvían más intensas cada día que pasaba. Habíamos sentido esa atracción creciendo durante semanas con roces accidentales y sonrisas que escondían ganas de tocarnos. Cuando por fin estuvimos solas su boca buscó la mía con urgencia y nuestros pechos se apretaron juntos en un beso largo y húmedo. Me quité la ropa despacio para que ella viera mi coño ya brillante y ella se arrodilló para lamerlo con la lengua caliente recorriendo cada pliegue hasta hacerme temblar. Me subí encima de ella en vaquera frotando mi coño contra el suyo mojado mientras nos besábamos y gemíamos sin control. Cambiamos a perrito y sentí el strap penetrándome de golpe con embestidas que me llenaban hasta el fondo mientras sus manos agarraban mis caderas. Pasamos a misionero donde nos lamimos los dedos de los pies y chupamos los pezones duros hasta que el placer nos recorrió el cuerpo entero. Nuestros coños resbaladizos se rozaron una última vez antes de corrernos juntas con gritos ahogados. Su tanga rosa quedó tirada al pie de la cama.