Rubia de dieciocho años recibe polla negra brutal por el culo
La chica de tetas naturales y cuerpo de quinceañera no podía creer lo que le estaba pasando cuando sintió esa verga enorme negra abriéndole el culito prieto en el dormitorio universitario. Llevaba horas coqueteando con él en la fiesta, mordiéndose el labio cada vez que sus miradas se cruzaban, hasta que terminó con el vestido de encaje rasgado entre los dientes y las bragas empapadas de jugos. Él la agarró de las caderas con esas manos tatuadas y la puso a cuatro patas sobre la cama, gruñendo mientras le escupía en el coño mojadísimo para lubricar el camino. La polla venosa le abrió paso sin piedad, estirando su ano pequeño hasta límites que le hacían gemir como puta en celo, con los muslos temblando y la boca llena de babas. Cada embestida profunda le arrancaba gritos ahogados, el sonido de la carne chocando contra su carne resonaba en la habitación mientras él le azotaba el culo con la mano abierta, dejando marcas rojas que ardían como fuego. Ella no podía pensar, solo sentir cómo esa verga negra la reventaba por dentro, haciendo que su coño chorreante se contrajera sin control cada vez que le llegaba hasta el fondo. Entre sollozos y maldiciones, él le ordenó que se agachara más, hasta que su cara quedó pegada al colchón y su culo se abrió como una flor carnívora, recibiendo cada embestida con un chapoteo húmedo que delataba lo mucho que le gustaba. Cuando notó que la polla se ponía más gruesa y dura, supo que se iba a correr dentro de su culito apretado, así que se agarró a las sábanas con fuerza mientras él le llenaba las entrañas con chorros espesos de leche caliente que le resbalaban por las piernas. Al terminar, la dejó tirada sobre la cama, con el cuerpo tembloroso, el maquillaje corrido y las tetas pequeñas subiendo y bajando como si acabara de correrse ella también, aunque solo había sido por la polla que le había destrozado el culito con saña.