Padrastro cachondo empotra a hijastra lesbiana y su amiguita asiática
El viejo verde lleva meses mirándola con cara de cerdo cada vez que ella pasa por el salón con ese culito apretado que se le marca en los leggings. Hoy no pudo resistirse y la acorraló contra la pared del pasillo, metiéndole los dedos entre las piernas para comprobar lo mojada que estaba su concha de quinceañera. La pobre no tuvo tiempo ni de gritar cuando él le arrancó la tanga con los dientes y le escupió en el coño antes de empalarla contra la puerta con su verga gruesa y venosa que le reventaba las paredes. Mientras, la amiga asiática, que no era más que una chiquilla de tetas diminutas y nalgas prietas, se tiró al suelo a chuparle los huevos al hijastro sin perder ni un segundo, lamiéndole las bolas hasta dejarlas brillantes y empapadas de saliva. Los gemidos de la lesbiana rebotaban por toda la casa cuando el viejo le metió los dedos en la boca mientras le clavaba la polla hasta el fondo, haciéndola tragarle la lengua entre jadeos que sonaban a desesperación. La asiática no se quedó atrás: se subió encima de su amiga para que el hijastro le metiera la verga por el culo mientras la otra le lamía el clítoris hinchado, y los tres terminaron rodando por el suelo en un amasijo de carne sudada y fluidos resbaladizos. Los gritos se mezclaban con los sonidos húmedos de los choques entre cuerpos: la polla del hijastro entrando y saliendo del coño apretado de la hijastra con un chapoteo que mojaba hasta el suelo, mientras la asiática se corría en la cara de su amiga al sentir cómo le llenaban las tripas de leche espesa. El viejo no tardó en soltarle toda su carga en la boca de la lesbiana, obligándola a tragarse hasta la última gota con los ojos vidriosos y los labios rojos de semen, mientras la asiática se limpiaba los restos de corrida de las tetas con la lengua antes de volver a empotrarle el culo al hijastro, que ya estaba listo para una segunda ronda. La casa olía a sexo barato, a coño mojado y a verga sudada, y los tres seguían enredados en el suelo, jadeando como animales en celo listos para empezar de nuevo.