Majestynasty le hace una mamada prohibida mientras nadie mira
Aquella tarde en el cuarto oscuro, el calor de su piel contra la mía era imposible de ignorar. Majestynasty sabía que esto estaba mal, pero cuando mi polla rozó sus labios, no pudo evitar abrir la boca y chupar con esa hambre que solo una mujer como ella tiene. Sus manos agarraron mis nalgas, tirando de mí hacia su garganta mientras gemía, ahogándose un poco pero sin parar. Yo la empujé más, sintiendo cómo su lengua lamía el tallo mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. No importaba que fuera de mi polla hasta las pelotas, ella seguía succionando como si no hubiera mañana. Cuando me corrí, el semen le llenó la boca y tuvo que tragar rápido, limpiándose los labios con los dedos. Después, cuando Jay Dire entró y vio su cara manchada, se quedó helado antes de sonreír como si supiera exactamente lo que habíamos hecho.