Madrastra caliente me ve sudar y no aguanta más
Aquel día en el gimnasio del sótano, con la música a todo volumen, no imaginaba que mi madrastra Klara Wells estaría espiándome por la rendija de la puerta. Cada vez que me agachaba a levantar pesas, sus ojos se clavaban en mi polla, y cuando me estiraba, sus dedos se hundían en su propio coño mojado. No aguantó más: entró sigilosa, cerró la puerta con llave y me empujó contra la pared. '¿Te gusta que te mire, hijastro?' susurró mientras me bajaba los shorts de un tirón. Mi verga saltó dura, y ella la atrapó con su boca, chupando con esa lengua experta que hace gemir hasta a las paredes. Luego se subió a horcajadas, su culo redondo rebotando mientras me montaba como una diosa, sus tetas saltando frente a mi cara. Cada vez que alguien pasaba afuera, ella ahogaba sus gemidos en mi hombro, pero no paraba: quería que me corriera dentro, que le llenara su concha caliente. Cuando por fin me vine, con un chorro que le manchó hasta el vestido, Klara me miró con esa sonrisa pícara y pensé: 'Esto no puede volver a pasar... pero ojalá pase otra vez'.