India caliente recibe una follada bestial por detrás
Llevaba ese minifalda ajustada que le marcaba el culo prieto y los muslos de escándalo, y cuando se agachó para recoger el bolígrafo que se le cayó, él no pudo evitar clavarle la mirada en ese culazo redondo que le temblaba con cada movimiento. La muy perra se dio cuenta y, en vez de taparse, se mordió el labio inferior y arqueó la espalda como invitándolo a que la empotrara sin piedad. Él no necesitó más señales: le arrancó el tanga de un tirón y le escupió en el coño empapado, sintiendo cómo el calor húmedo de su entrepierna le mojaba hasta los dedos. La primera embestida la hizo gritar como una posesa, con los pechos rebotando contra el escritorio mientras él le agarraba las caderas con fuerza para clavársela hasta el fondo. Las gafas se le cayeron al suelo al primer azote en ese culo firme que le pedía más, y ella le suplicó entre gemidos que no parara, que le diera fuerte, que la hiciera suya como una auténtica puta. Él le dio la vuelta sin sacársela ni un segundo, le levantó una pierna sobre su hombro y se la folló de pie, sintiendo cómo su coño chorreante le apretaba la polla como un guante mientras los muslos le temblaban de placer. Cada embestida hacía que su culo rebotara como un melón maduro, y el sonido de los choques de piel era música para sus oídos. Ella se corrió gritando su nombre con la boca llena de babas, los ojos en blanco y los dedos arañando la madera del mueble, pero él no se detuvo ni un segundo: la siguió empotrando contra la pared mientras ella se agitaba entre espasmos de puro éxtasis. Cuando por fin se laufen juntos en un charco de sudor y fluidos, él le dejó caer los pechos sobre la mesa y le sopló en la nuca mientras le susurraba al oído que estaba para follársela siempre que quisiera. Ella solo atinó a reírse como una loca, con la respiración entrecortada y las piernas convertidas en gelatina, sabiendo que esa noche no olvidaría ni un segundo de cómo le había partido el culo como a ninguna otra.