Femboy rubia muy caliente encadenada y follada
Sentí el frío metal de la jaula contra mi clítoris antes de verme obligada a gemir, y aunque sabía que Chisholm de Boston controlaba todo, mi coño palpitaba imaginando esa verga enorme entrando sin piedad. Me humilló recordándome que mi culo ya no era mío, solo suyo para reventarlo cuando le diera la gana, y aunque lloré rogando que me destapara un momento, él se rio mientras su polla gruesa se clavaba hasta las pelotas en mi agujero virgen. Cada gemido me costaba llorar, pero más gemía cuando su mano me apalancaba las nalgas para empujar más adentro, sintiendo como mi carne se abría en torno a ese miembro que me marcaba como su puta. El sonido de su piel contra la mía, el choque húmedo, el calor abrasador de su verga llenándome por completo… no podía evitar suplicar que me correra en el culo, que me marcara como su propiedad. Chisholm disfrutaba viendo como me reventaba el ano, cómo mis gritos se mezclaban con el crujir de mis huesos al compás de sus embestidas, y cuando al fin se vació dentro de mí, supe que la próxima vez no habría clemencia. Si cree que esto fue intenso, la próxima vez me hará gemir de otra manera.