Femboy árabe se deja empotrar duro en cuatro patas
El vecino de al lado, con ese culo prieto y esos labios carnosos, no podía resistirse a la tentación de meterle la polla hasta el fondo. Desde que lo vio en el pasillo con esa mirada provocadora, supo que lo quería en su cama, gimiendo como una puta mientras lo embestía sin piedad. El femboy árabe, con su piel suave y su cuerpo esbelto, se dejó caer sobre el colchón, arqueando la espalda para ofrecerle mejor acceso a su culo apretado. El tipo no perdió el tiempo: le bajó los pantalones, le arrancó el tanga y le escupió en el agujero antes de clavársela de una sola estocada. El femboy gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras el macho le agarraba las caderas y lo penetraba con embestidas brutales. La cama crujía con cada movimiento, y el sonido de carne chocando contra carne llenaba la habitación. El femboy se retorcía, mordiendo la almohada para ahogar sus gemidos, pero el tipo no se detenía: le agarraba el pelo, le azotaba el culo y le susurraba obscenidades al oído. Cuando el femboy ya no podía más, el macho lo volteó y le metió la polla hasta la garganta, follándosela con la misma furia. El femboy chupaba con desesperación, sintiendo cómo la verga le llenaba la boca, hasta que el tipo no aguantó más y se corrió en su cara, dejando su leche blanca sobre esos labios carnosos. El femboy, con la polla aún dura, se masturbó hasta vaciarse, dejando un charco de semen sobre las sábanas. Fue una follada salvaje, una noche que ninguno olvidaría.