Dos pollas brutales violan a la chiquita de 155 en DP
La morrita no aguantaba más con esos culitos tan apretaditos que le temblaban cada vez que la miraban, y menos cuando esos dos cabrones de polas monstruosas le metieron mano sin piedad. Ella jadeaba entre susurros mientras le bajaban el short ajustado y le dejaban el coño bien empapado, brillando bajo la luz del estudio. Uno le sujetó la cara con fuerza para que no pudiera escapar mientras el otro le escupía en el culo, abriéndole el agujero con los dedos hasta que a ella se le escapó un gemido ahogado. La pobrecilla intentó resistirse, pero cuando sintió la primera polla partiéndole el culito al rasgarle el himen, los gritos le salieron solos, mezclados con babas y saliva por la excitación que le provocaba tanto dolor sucio. El tipo que tenía las tetas naturales y duras en sus manos no pudo esperar más: se la clavó por la vagina hasta que el coño le quedó abierto como una boca hambrienta, sintiendo cómo le apretaba cada embestida con esos muslitos delgados que le temblaban sin control. Los dos la empotraron a la vez, moviendo sus caderas como bestias hasta que ella no pudo más que lloriquear y babear entre gemidos desgarrados, con la cara roja de vergüenza y placer mientras le metían los dedos en la boca para callarla. Uno le escupió en la cara para humillarla y que tragara su propia saliva mezclada con el sudor que le corría por las mejillas, mientras el otro le llenaba la garganta con su pollón hasta que casi se ahoga, sintiendo cómo se le saltaban las lágrimas por la intensidad. Cuando al fin se corrieron, le cayeron chorros gruesos de leche por toda la cara, los pechos y hasta le entraron en la boca entre jadeos, obligándola a tragar hasta la última gota mientras seguía siendo follada sin piedad con los dos agujeros bien abiertos y goteando semen por todas partes. Ella no paraba de temblar, con el culo destrozado y el coño tan mojado que se le salía el flujo por las piernas, pero los cabrones no tenían suficiente y siguieron metiéndosela hasta dejarla hecha un trapo, con la cara deshecha en llanto pero el cuerpo aún temblando de placer sucio y sumisión.