Cupcake Sinclair se deja domar a golpes y polla
¡'Dame más duro, cabrón, que no aguanto tanto placer!' grita Cupcake Sinclair mientras te agarra de los hombros para que no pares de azotarle ese culo prieto que rebota con cada nalgada. La tienes de rodillas en la cama, el coño ya mojado de tanto gemir, y tú no piensas dejarla ir hasta que te ruegue que la llenes. Le sujetas la cintura con una mano y con la otra le das una palmada que le hace saltar, pero ella solo pide más, arqueando la espalda para que le entres más hondo. Sientes cómo su carne se amolda a tu polla con cada embestida, cómo sus muslos tiemblan cuando le das un azote en el clítoris hinchado. '¿Así quieres que te trate, puta?' le susurras al oído mientras le tiras del pelo para que te mire. Ella asiente, los ojos vidriosos de placer, y tú no puedes evitar sonreír antes de empujarla contra el colchón y clavársela hasta que las caderas chocan. La oyes gritar cuando le das una palmada en el coño, pero no se queja, solo pide que no pares. Le metes los dedos en la boca para que los chupe mientras la empotras sin piedad, sintiendo cómo su cuerpo se tensa antes de correrse con un gemido ahogado. Pero tú no has terminado, y ella lo sabe. La volteas para que te monte, y mientras rebota sobre tu verga, le das una nalgada que la hace gritar. '¿Quieres más, perra?' le preguntas, y ella solo asiente, las tetas saltando con cada movimiento. Sabes que la próxima vez será peor, que no te conformarás con esto. La próxima vez, la tendrás de rodillas, suplicando que la dejes correrse.