Chiquita perversa chupa polla y se corre sin parar
Freya Von Doom no es cualquier putita de instituto, es una zorra lista que sabe cómo hacerte perder la cabeza. Desde que entró en la habitación con esa sonrisa pícara y esos labios carnosos, él supo que iba a ser una noche de locura. Le encantó ver cómo se quitaba la blusa lentamente, dejando al descubierto unos pechos pequeños pero duros que le pedían a gritos que los lamiera. Antes de que pudiera reaccionar, ella ya le había agarrado la polla con sus manitas suaves y se la metía hasta el fondo de la garganta sin pestañear. Cada vez que tragaba saliva, su garganta apretaba la cabeza como si fuera un coño caliente, haciendo que él gimiera de placer mientras le agarraba de los pelos. Freya no se conformó con eso, se desnudó del todo y se tiró sobre la cama boca arriba, levantando esas piernitas delgadas para que él pudiera ver su coño depilado y bien mojado. La primera embestida la hizo gritar, con los muslos temblando y los pezones erizados, pero no se conformó con una follada normal. Empezó a pedirle que la empotrara más fuerte, que le diera hasta que no pudiera más, mientras le arañaba la espalda con esas uñas pintadas de rojo. Él no pudo resistirse, le metió la polla hasta el útero y le dio una paliza que la dejó sin voz, con el culo rojo y los jugos resbalando por sus muslos. Freya se corrió tres veces seguidas, gritando como una posesa, mientras él le llenaba la boca con su leche espesa y caliente. Cuando por fin se derrumbó a su lado, ella no pudo evitar reírse y decirle que esa noche la había dejado satisfecha... pero que mañana volvería a por más.