Anissa Kate y Anya Olsen se dejan empotrar en mi casa
Anissa Kate no podía dejar de mirarme con esos ojos verdes mientras se mordía el labio, sabiendo que su marido podía entrar en cualquier momento. Le bajé el pantalón hasta los tobillos y le separé las nalgas para ver cómo su coño brillaba de lo mojada que estaba. Anya Olsen se arrodilló frente a mí y me chupó la polla con esa boca de puta que tiene, gimiendo cada vez que la empujaba hasta el fondo de su garganta. El sonido de sus gemidos ahogados me volvía loco, pero tenía que estar callada porque alguien podía oírnos. Le di la vuelta a Anissa y le metí la polla en el culo mientras ella se agarraba a los muebles para no gritar. Anya se puso a cuatro patas y me ofreció su coño, moviendo las caderas para que se lo embistiera fuerte. El riesgo de que nos descubrieran hacía que el sexo fuera más intenso, y cada embestida era más profunda que la anterior. Anissa se corrió primero, apretando mi polla con sus músculos mientras yo seguía follándola sin piedad. Anya se masturbaba con los dedos mientras yo le llenaba el coño de leche, y sus gemidos se mezclaban con el sonido de nuestros cuerpos chocando. Cuando terminé, Anissa solo podía pensar en que su marido nunca la había hecho sentir así, y eso la excitaba aún más.