Nata la cachonda con cuerpo mojado en cuarto secreto
Nata llegaba empapada cada tarde a la habitación oculta, su coño chorreando de excitación mientras se frotaba contra los muebles. Su piel brillaba con el sudor, los pezones duros como piedras, y no aguantaba más los gemidos que escapaban de su garganta. El tipo la encontró así, amarrada a la cama, la polla ya dura antes de tocarla, y no perdió tiempo en arrancarle el tanga con los dientes. Empotrada contra el colchón, Nata chillaba cada vez que la embestía hasta el fondo, su culo rebotando con cada golpe seco, el sonido de carne chocando llenando el cuarto. La polla entraba y salía del coño bien apretado, el líquido caliente de la puta mojando todo, y él no paraba hasta sentir que el orgasmo lo sacudía por dentro. Al terminar, la corrida espesa se derramó dentro de ella, gotas blancas escapando de su vulva hinchada, y Nata seguía temblando, jadeando, con ganas de más. Aún con las piernas atadas, se lamía los labios, sabiendo que en ese cuarto secreto la follarían una y otra vez.